El valor del ¿arte?

Museo de Bolzano, Italia, 2015. Los servicios de limpieza recogen lo que parecen ser los restos de la fiesta de la noche anterior. Lo que cualquiera identificaría con  el resultado de una noche de borrachera de gente con escasa urbanidad eran, en realidad, los elementos que formaban una de las obras expuestas y que se titulaba ¿Dónde vamos a bailar esta noche?”.
MUSAC de León, 2013. En apariencia se está llevando a cabo alguna reforma en el museo ya que una de las salas se encuentra inundada de escombros. Lo que parecen montones de cascotes  es en realidad una “escultura” por la que los responsables del museo  abonaron (nunca mejor dicho) algo más de 60.000 €.
Como ya habían hecho Presidentes anteriores, Donald Trump solicitó al museo Guggenheim de Nueva York el préstamo de una obra que pudiera adornar  la Casa Blanca durante su mandato. En concreto, un cuadro de Van Gogh. Lamentablemente el cuadro en cuestión no estaba disponible pero se ofreció como alternativa la obra del artista italiano Maurizio Cattelan titulada “América” y que consistía en………………………..un váter de oro. Dejando a un lado el evidente sarcasmo de los responsables del museo, el caso es que dicho váter estaba disponible ya que había finalizado la exposición en la que estaba incluido (por cierto, a disposición de cualquier visitante que quisiera utilizarlo. Tranquilos, era higienizado cada 15 minutos). Es decir, había ocupado un espacio en un prestigioso museo como ejemplo del arte actual. Su valor aproximado es de un millón de dólares.
Estos breves ejemplos (hay muchos más, como podéis imaginar) ponen sobre la mesa el debate sobre qué podemos considerar como arte.
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La RAE define el arte como la “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.”  Es decir, casi cualquier cosa puede ser considerada como arte, sus formas pueden ser ilimitadas.
Y así parece ser cuando entran en escena las nuevas tecnologías. A nuevas maneras de percibir el mundo, nuevas maneras de expresar y sentir. Arte digital, electrónico, multimedia, interactivo, realidad virtual, hologramas...Y la última vuelta de tuerca es lo que se ha dado en llamar los NFT (Non-Fungible Tokens), íntimamente relacionados con las criptomonedas y las blockchain… sean lo que sean.

Es un alivio no tener que explicar que es un NFT. Para eso está internet, donde se pueden encontrar multitud de entradas que intentan abordar el asunto de forma más o menos académica. Lo que llama la atención es el precio que se paga por estas obras que, al fin y al cabo, son archivos digitales. Estamos hablando de millones de dólares (repito, millones de dólares) por creaciones digitales que van desde el meme de un gato en movimiento dejando una estela de colores, hasta un collage compuesto por 5.000 instantáneas, una por día durante los últimos 13 años.

Si hay algo que justifique estos precios es algo que escapa a la comprensión del común de los mortales. O no. Porque ¿qué valor le damos a las cosas? Pues lo que cada uno esté dispuesto a pagar por ellas. Ni más ni menos. Y es aquí donde entran a jugar conceptos como  marketing, especulación…….prácticas que buscan el aumento de la demanda (RAE dixit) con intención de promover el comercio y que tienen como objetivo final aumentar los precios de un bien. Y es en este universo donde los NFT´s parece que se mueven como pez en el agua.

El recorrido que puedan tener estas modalidades de arte está por ver.

En su estupendo libro “El infinito en un junco”,  Irene Vallejo reivindica la vigencia de los libros frente a los que los consideran como objetos del pasado. “Lo curioso es que aún podemos leer un manuscrito pacientemente copiado hace más de diez siglos, pero ya no podemos ver una cinta de vídeo o un disquete de hace apenas algunos años, a menos que conservemos todos nuestros sucesivos ordenadores y aparatos reproductores, como un museo de la caducidad, en los trasteros de nuestras casas”. La velocidad a la que avanzan las nuevas tecnologías convierten en obsoleto cualquier archivo digital en pocos años. Podemos admirar un retrato pintado en el siglo XVI pero no podemos ver fotos digitales de hace 15 años porque nuestro ordenador ya no es compatible con los dispositivos en los que estaban almacenados.

El hecho de que la casa de subastas Christie's (fundada en 1.766) haya realizado recientemente su primera operación con NFT's da a entender que quizás sean el futuro. Aunque ese futuro pueda quedar circunscrito a museos, físicos o virtuales, en los que poder recuperar creaciones que ya no pueden ser examinadas de otra manera.

Lo positivo de todo esto es que” inventar” arte está al alcance de cualquiera. Basta con saber utilizar el ordenador. Cualquiera puede crear. El hecho de que una buena parte de la población no alcance a comprender su obra no es algo que deba preocupar al “artista”. Siempre puede consolarse pensando que a Einstein tardaron años en otorgarle el Premio Nobel de Física ya que el comité encargado de revisar su Teoría sobre la Relatividad no era capaz de comprender lo que estaban leyendo. Quizás su obra esté adelantada a su tiempo y sea precursora de una nueva tendencia que no todo el mundo es capaz de apreciar. En la sociedad actual, donde lo que prima es cuantificar el valor económico de cualquier cosa, simplemente tiene que esperar a que cualquier iluminado decida hacer una oferta.

 

Witri


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